Argentina avanza a semifinales del Mundial 2026 tras vencer a Suiza 3‑1 el 12 de julio, y Rodrigo De Paul reflexiona sobre el próximo duelo contra Inglaterra y lo que este equipo ha construido en nueve años. Con 92 partidos vestido con la camiseta nacional, el mediocampista siente que aún no ha asimilado todo lo logrado.

¿Qué significa para De Paul enfrentar a Inglaterra?

Para De Paul, el partido contra Inglaterra no es solo otro encuentro. Hay historias, recuerdos y emociones que trascienden el fútbol. Recuerda lo que hizo Diego Maradona en 1986, las canciones que se cantan en homenaje a los héroes de Malvinas, pero insiste: "Esto es un partido. Las Malvinas se tienen que discutir en otro lugar". Quiere que el foco esté en el juego, no en el pasado político.

¿Por qué este equipo deja un legado más allá de los títulos?

De Paul habla con la voz de quien ha vivido cada emoción: desde el primer día en la Selección hasta el título mundial. Dice que lo más lindo no es el oro, sino que la gente recuerde a este grupo por el amor propio, la alegría que dio al país y la identificación que generó. "Se remueven muchas cosas", confiesa, mientras ve pasar los nueve años en su mente.

¿Qué viene después del partido contra Inglaterra?

Con cinco victorias consecutivas en el Mundial 2026 —todas desde el inicio del torneo—, Argentina llega al duelo con Inglaterra con confianza plena. De Paul, de 32 años, no piensa en el final. Piensa en vaciarse, en darlo todo. "Queda un pasito menos", dice. Y aunque ya ganó todo, sigue emocionado, cansado y más vivo que nunca. La camiseta sigue pesando, pero también sigue iluminando.

¿Cómo vive De Paul este ciclo tan largo?

Cada vez que ve a la Selección en semifinales, piensa en su abuelo Osvaldo, en Tini, en los gritos del Obelisco. No es solo deporte. Es memoria. Es familia. Es un país entero que se une. "No pensé que iba a volver a vivir todo esto", admite. Y aunque ya tiene dos Copas América, una Finalísima y un Mundial, lo que lo mueve ahora es la posibilidad de volver a una final. No por el trofeo, sino por el alma que pone en cada pase, cada desborde, cada grito.